Editorial de Harvard publica libro sobre Túpac Amaru II
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El historiador estadounidense Charles F. Walker publicó hace unos días bajo el sello editorial de la Universidad de Harvard “La rebelión de Túpac Amaru II", un libro que
sumerge a los lectores en detalles desconocidos de un levantamiento
que, pese al transcurrir de los años, continúa siendo un objeto de
estudio en universidades de todo el planeta.
Conversamos con él sobre su publicación, que es quizás una de las más importantes que han escrito en torno a la historia de un país que no le es ajeno: el Perú. Muchos creen que la historia de nuestra independencia
comienza con el viaje de San Martín al Perú. ¿Crees que aún no hay una
versión insuficientemente amplia de la historia de nuestra
independencia?
Claro. Y hay dos aspectos que conviene enfatizar. Primero, es
necesario revisar a Túpac Amaru, la coyuntura de 1814 y los hermanos
Angulo así como otros movimientos anteriores. Ahora bien, no se trata de
movimientos necesariamente precursores de la Independencia, como se
suele sostener, ya que en muchos casos sus líderes buscaban algo muy
diferente, mucho más radical y con una base andina, como en el caso de
Túpac Amaru y Micaela Bastidas. Y este es el segundo punto: la necesidad
de no pensar que una república debía tener necesariamente a Lima como
centro. Muchos de los proyectos anteriores buscaban inventar algo
diferente. Me parece que es el caso del sur andino y otras zonas. Los
mejores trabajos recientes sobre la Independencia en América Latina
están abordando temas como el apoyo popular a la Corona española (por
qué apoyaron a los españoles y no a los patriotas) así como diversas
formas de monarquismo en vez de republicanismo. Hay que rastrear los
caminos que no se siguieron para entender tanto el siglo XIX como la
actualidad. ¿Por qué decidiste especializarte en Túpac Amaru II? ¿Qué fue lo primero que te atrajo del personaje?
En la decisión influyeron algunos maestros de lujo que tuve, entre
ellos Alberto Flores Galindo y Scarlett O'Phelan. Este libro se hizo
posible solo gracias a varias generaciones que han encontrado nueva
documentación y han investigado temas específicos, como el papel de las
mujeres o la zona de Puno, por ejemplo. Me pareció que faltaba una
visión global del levantamiento, que recogiera estos aportes y estudios
específicos realizados a profundidad. Me atrajo la posibilidad de hacer
lo que llamamos historia narrativa. Intento escribir para no
especialistas. ¿Cuánto tiempo te tomó esta investigación y qué tipo de archivos necesitaste para ella?
Desde hace mucho tiempo junté material en Cusco y Lima. Incluso,
volví a mis apuntes de cuando viví en la ciudad imperial (mejor dicho,
en San Jerónimo) entre 1988 y 1990. Para el libro pasé seis meses en el
grandioso Archivo de Indias (Sevilla), con escapadas a archivos y
bibliotecas en Madrid y Londres. Esto último fue en 2007. Terminé la
redacción a fines de 2012. ¿Cómo obtuvo José Gabriel Condorcanqui la legitimidad
necesaria para organizar y liderar la rebelión más importante perpetrada
contra el virreinato?
Aquí estoy de acuerdo con los estudios clásicos, que van de Boleslao
Lewin a Scarlett O’Phelan. Como kuraka y arriero, Túpac Amaru tuvo
prestigio y contactos a través de todo el virreinato. Se movía muy bien
en todos los sectores, desde los ayllus quechua-hablantes, hasta (en)
las casas de los ricos en Cusco. Durante el levantamiento, él y Micaela
Bastidas “se hicieron respetar” con sus acciones y liderazgo. ¿Cómo fue el papel de la Iglesia durante el lapso que duró la rebelión?
Creo que esta una de las contribuciones de mi libro, uno de sus
argumentos principales. Los historiadores han enfatizado a los
sacerdotes leales a la rebelión, como Antonio López de Sosa. También se
ha prestado mucha atención al papel del obispo Juan Manuel Moscoso y
Peralta, quien enfrentó, años después, acusaciones y juicios sobre su
supuesto apoyo a la rebelión. Pero se trata de una venganza de otra
facción, los de mano dura vinculados con los visitadores Areche y Mata
Linares, que toma el poder después de la derrota. En realidad, propongo
que el obispo Moscoso y Peralta fue el artífice de la derrota. Desde
Cusco, obligó a todos los curas a permanecer en la zona que controlaban
los rebeldes durante los primeros meses, desde Tinta casi hasta
Puno. Estos sacerdotes, sacristanes y sus asistentes sirvieron como
espías y también prestaron apoyo moral a los españoles, ricos,
hacendados y otros que sentían muy de cerca el gran peligro de un ataque
rebelde. Tanto los sacerdotes como a los que protegían sentían un gran
miedo, pues pensaban que la muerte estaba por llegar.
Walker posando con su última obra. En su CV, el autor ya tiene
varios libros sobre el país que lo apasiona: Perú. (Foto: del autor) Además, el Obispo Moscoso y Peralta excomulgó a Túpac Amaru.
Así es. Tanto Micaela Bastidas como Túpac Amaru no sabían qué hacer
frente a ese tipo de oposición. Eran muy fieles a la Iglesia y no podían
concebir el uso de la violencia contra un sacerdote. Sin embargo, la
excomunión debilitó muchísimo el apoyo popular a la rebelión mientras
que los curas - quienes querían fugar a Arequipa, Lima o Cusco pero el
Obispo no los dejaba - aseguraban que los tupamaristas no controlaban
plenamente "la zona roja". Si tuviese que encontrar una explicación a
la derrota, sería esa, la oposición implacable de la Iglesia liderada
por Moscoso y Peralta. Y qué paradoja tan irónica: Moscoso y Peralta
terminará en España enfrentando acusaciones de haber apoyado a la
rebelión. Ese arequipeño, todo un personaje, nunca volvería al Perú. Hablemos de Micaela Bastidas. ¿Cuál es el principal hallazgo
que hay en tu libro sobre este personaje clave, sobre esta lideresa y
casi “socia” de Túpac Amaru II?
Yo no diría “casi socia”; es socia total y completa. Ella se
encargaba de algo absolutamente fundamental en la guerra: las
provisiones y la planificación. Micaela veía que la tropa tenga comida,
coca, combustible, armamento (primitivo pero importante; cuidaban mucho
sus pequeños cañones), etc. Además, ella aseguraba la disciplina de los
rebeldes, castigando a los indisciplinados y vigilando a los
subcomandantes. Hay mucho menos documentación sobre Bastidas que sobre
Túpac Amaru, así que quedan muchas incógnitas. Creo que he brindado un
buen retrato pero falta investigar más y dar una visión todavía más
completa. ¿Cuáles fueron los momentos claves de la rebelión?
Quiero resaltar dos. Primero, el más conocido: el fallido sitio del
Cusco a fines de 1780 y principios de 1781. Si lograban tomar la ciudad,
los rebeldes podían prepararse a enfrentar a las tropas que venían de
Lima. Hubiera sido una gran victoria tanto moral pero también en
términos militares. Doy algunas explicaciones novedosas sobre ese
fracaso. Otro argumento clave del libro es la necesidad de tomar en
cuenta la segunda fase, que se produce después de las muertes atroces de
los dirigentes y su círculo más íntimo el 18 de mayo 1781 y abarca
hasta 1783. Diego Cristóbal Túpac Amaru (primo), Mariano Túpac Amaru
(hijo), y Andrés Mendigure (pariente de Micaela) toman el liderazgo y
llevan la insurgencia al sur, a la zona del Titicaca. La violencia se
vuelve más brutal y cruenta, donde no se toman prisioneros, la
neutralidad se vuelve imposible y donde ambos lados cometen atrocidades.
Con la creciente probabilidad de una alianza con los Kataristas (en
Charcas, hoy Bolivia) y la incapacidad de los españoles de luchar contra
una guerra de guerrillas, 1782 es cuando los rebeldes más se acercan a
derrotar a los españoles. La segunda fase no ha sido muy tomada en
cuenta; espero cambiar esto. Los peruanos identifican muy bien a sus héroes: Miguel Grau,
José Quiñones, entre otros. No obstante, salvo algunas opciones
políticas de izquierda, la gran mayoría no coloca a Túpac Amaru II en
el mismo lugar que los que te menciono. ¿Por qué?
Bueno, por un lado fue indígena-mestizo del Cusco y no de la costa. (Hay que recordar el gran poema de Antonio Cisneros, “Túpac Amaru Relegado”,
que he traducido al inglés en el libro). Tupac Amaru fue también un
revolucionario: usó la violencia y espantó a muchos. Pero creo que sí es
un héroe para muchos, tanto en el Perú como el extranjero. En
Argentina, por ejemplo, su rostro se asocia mucho con los movimientos
progresistas y con otro ícono, el Che Guevara. En China, hay un busto. En
el Cusco es muy venerado, pero no tan estudiado. El gobierno de Velasco
fue muy importante en promover esa fascinación e iconografía. ¿Cómo ven las universidades de Estados Unidos la rebelión de
Túpac Amaru? Mencionas en el libro que quizás no es tan importante para
ellos “porque terminó en derrota”.
Bueno, depende. El gran interés de mis alumnos es saber de quién sacó
su nombre Túpac Shakur, el rapero y símbolo internacional. Para la
izquierda de muchos países sí tiene relevancia simbólica. En cuanto al
impacto de la rebelión, creo que fue importante a pesar de su derrota.
Cambió estructuralmente al Perú, y muchas de sus exigencias en cuanto a
los impuestos, por ejemplo, fueron aceptadas poco después. Pero, por el
lado negativo, aumentó la brecha entre los Andes y la costa y fomentó
el miedo a los levantamientos masivos tanto para las clases altas como
también para muchos indígenas. El costo de la derrota fue brutal para la
base social de Túpac Amaru, los quechua-hablantes. Pero sí tuvo un gran
impacto y sigue siendo un símbolo importante, tanto en el Perú como en
el extranjero.
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